En todos los grabados, incluso en la obra de El Bosco, se repiten los mismo protagonistas: lo peor del ser humano puesto en una barca dirección al país de los locos.
La gran mayoría de sus pasajeros, poseían una especie de capirotes con orejas de burro —de ahí surge el famoso gorro de bufón— y para enfatizar lo tontos que eran, llevaban un garrote con su propio cara.
Por si os interesa, aquí tenéis el enlace a otra versión que ya tiene su tiempo: La nave de los cuerdos
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