¡Qué bonitos son los lunes! Sobre todo cuando empiezas a trabajar, después de haberte tirado unas semanitas tirado a la bartola... sin hacer nada de nada. Simplemente mirando mi reloj nuevo, intentando descifran las horas que marcan esas pequeñas y misteriosas agujillas metálicas. Tan calladas; tan sigilosas; taaan... siempre ahí dando vueltas... sin sentido.
Y no me voy a enrollar mucho más, porque no tiene sentido. Y como dijo el Quijote: ¡Vale!
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